El
espléndido edificio fue puesto a punto –es
patrimonio de la ciudad–, y por supuesto la
cocina se amplió y se equipó a nuevo;
el comedor, bien iluminado, concede importancia al
precioso zócalo alto de mayólicas originales.
La
carta ofrece la cocina tradicional de mar y montaña,
y la marinera con nuestros pescados y mariscos frescos.
Los langostinos grillados ($ 40) y los chipirones
(12) van muy bien con el auténtico allioli
de Mauro, con sólo ajo y oliva; hay pescado
blanco al horno con la salsa romesco (14) –pimiento
choricero, almendras, pan frito, tomate asado–.
El pulpo español se saltea con oliva y pimentón
(60); hay almejas y mejillones clásicos (7-8),
zarzuela de mariscos (60, para dos o tres), catalanísimo
fideuá (40), paella marinera de fideos, y arroz
con verduras y hongos (12).
El
cochinillo (40 el cuarto) se asa en el horno de barro
del restó Propio –propiedad de Mauro
y Damián, ubicado enfrente del Casal–,
así como los buenísimos panes. Imperdible
pa amb tomáquet, con jamón crudo (6),
boquerones, anchoas o escalivada (4); parte del tapeo
se sirve en el hall del restaurante –butifarra,
fuet, queso manchego, tortilla–, bajo la preciosa
lucarna, ideal con copa de cava catalana. El flan
de naranja y la crema catalana son postres ineludibles.
La carta de vinos es corta en relación con
la de cocina, pero Damián la está ampliando.
Además, hay un sótano perfecto para
guardarlos.